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La Masculinidad Tradicional: Una cárcel en la vida de los varones

Una reflexión sobre cómo la masculinidad tradicional impacta la vida laboral, emocional y familiar de los hombres, y sobre la necesidad de construir modelos más sanos, equitativos y humanos.

Cada día la movilidad de las ciudades es más complicada, las exigencias laborales son mayores y la necesidad de armonizar la vida familiar, tan importante para los hombres actuales como para las mujeres, solo ha sido comprendida por algunas empresas. Llegar a la idea organizacional de que no hace más productiva a una persona entrar muy temprano y salir tarde del trabajo aún cuesta que sea entendida en el mundo laboral. Nos encontramos en un mundo diverso, amplio y donde los límites entre los roles de lo femenino y lo masculino están abiertos a ser reflexionados y pensados nuevamente.

La necesidad de repensar los roles en la empresa

Martha Nussbaum nos presenta en su libro El cultivo de la humanidad la necesidad de poner la “vida en examen” con el fin de potenciar ciudadanos y ciudadanas del mundo. Retoma la idea socrática de cuestionar las tradiciones y costumbres. En su obra, Nussbaum nos invita a cuestionar aquellas prácticas asentadas solo por el hecho de haberse vuelto familiares y cotidianas, debido a la repetición de repertorios familiares, escolares o laborales.

Lograr la igualdad de acceso a derechos, oportunidades y trato no es tarea fácil, y esta se complica cuando la pensamos con las gafas de género. Porque, aunque en teoría estos derechos son concebidos en igualdad para mujeres y hombres, eso no quiere decir que suceda así en la realidad.

Muchas desigualdades que se encuentran en el mundo laboral nacen de la inflexibilidad de pensamiento de quienes toman decisiones en las empresas y de la manera en que se moldea la cultura empresarial. Cabe preguntarnos si aquello que se permite o no en los comportamientos dentro de la empresa contiene sesgos inconscientes sobre los roles que, según una sociedad determinada, se consideran propios de las mujeres o de los hombres. También vale la pena preguntarnos si hemos dejado una gran amplitud entre lo formal y las reglas informales que son aceptadas como formales y que pueden contener profundos estereotipos de género.

Masculinidad y exigencias del mundo laboral

Cuando pensamos en masculinidad y empresa, se comienza a vislumbrar que existe una débil reflexión sobre aspectos vitales para la vida de los hombres. ¡Pensemos! ¿Por qué, por ejemplo, se considera que los hombres deben ofrecer incondicionalidad al mundo laboral? En automático vemos mal que un hombre quiera llegar a la hora legal de trabajo, aun cuando tiene bajo su responsabilidad preparar desayunos para sus hijos que salen al colegio. O, ¿por qué los permisos para asistir a las citas médicas de sus familiares o incluso las propias son tan escasos en los hombres?

Tradiciones que encarcelan a los hombres en el silencio, impidiéndoles contar las violencias y agresiones que viven en el mundo laboral sin ser calificados de débiles. Para muchos hombres, el acoso laboral es pan de cada día. La masculinidad dominante indica que todos los hombres son guerreros de acero que no se perturban por ningún tipo de agresión o violencia.

La crisis de la masculinidad tradicional

Desde finales de los años setenta se comienza a hablar de la crisis de la masculinidad. Una crisis que surge cuando aparecen dudas acerca del modelo tradicional de hombre vigente para los abuelos o sus padres, quienes fueron educados para autolimitar sus emociones y exponer su salud con tal de demostrar hombría frente a otros hombres.

El psiquiatra Eduardo Bognino afirma que la fuerte presión social sobre los hombres ha destruido, para millones de ellos, su salud física, mental y emocional. Señala que muchas de las causas se deben a la débil reflexión sobre la manera como la masculinidad tradicional somete diariamente a los hombres para que continuamente demuestren que no son una mujer, que no son un niño y que no son homosexuales.

Muchos varones se ven impulsados a demostrar que son valientes, audaces, agresivos y activos, aunque tengan que poner su propia vida y la de otros en peligro. Por tanto, esta masculinidad tóxica hace que, en la demostración de su virilidad, deban ser como Mister Spock, quien afirmaba desde su lado más vulcaniano su desapego por las emociones: “¿Podría decir que no disfruto en absoluto sirviendo con humanos? Sus ilógicas y estúpidas emociones son una irritación constante”. Así como Mister Spock rechaza las emociones, a la mayoría de los varones se les enseña a creer que deben ser cero emocionales, altamente racionales, que solo la lógica debe primar, que deben ser exitosos en su trabajo, en muchos casos promiscuos, potentes en el ámbito de la sexualidad y con una paternidad lejana o distante para poder ser la autoridad o el proveedor del hogar.

El desafío de construir nuevas masculinidades

Entonces, el surgimiento de la idea de construir una masculinidad nueva presenta el desafío social de construir alternativas, como un nuevo repertorio para los hombres, que les permita descifrar cómo quieren ser y qué quieren construir en una vida que los confronta con conocerse, crecer internamente y comprender sus emociones.

Otro reto es reconstruir, para muchos varones, la manera de ser parte activa y presente en sus familias, cualquiera sea el tipo de estructura familiar que deseen. Como los hombres fueron criados desde la oposición a lo femenino y a identificar que lo otro, lo que no son ellos, son las mujeres, construir nuevas identidades de lo que significa ser hombre en nuestras sociedades implica reflexionar sobre las pautas de crianza, las relaciones entre los miembros de las familias y la manera de expresar emociones sin acudir a la agresión, sino a la palabra. Huir de la trampa de una masculinidad tóxica para generar una masculinidad saludable es todo un desafío social y personal.

Una transformación que beneficia a toda la sociedad

Por tanto, cuando hablamos de género en torno a la masculinidad predominante estamos intentando hacer una reflexión que trae ventajas tanto a los hombres como a las mujeres, porque es una realidad que los cambios, sin ellos incluidos, son limitados y logran un impacto menor. Otra forma de verlo implica incluirlos y comprender que necesitamos contar con los varones para modificar esa especie de estratificación social que indica que las mujeres pueden demostrar libremente ternura, afecto y compasión, mientras que a los hombres les dejamos la competencia, la fuerza y la racionalidad sin emociones.

El gran reto es subvertir la realidad cotidiana para que los hombres puedan disfrutar de la crianza y de la educación de sus hijas e hijos. La igualdad en el mundo también se verá reflejada cuando los hombres puedan construir relaciones de amistad con ambos sexos sin suponer que estas deban estar atravesadas por la sexualidad. Lograremos una sociedad más igualitaria en el trabajo y en la vida personal cuando nuestros hombres puedan ser hijos, amigos, padres y pareja en relaciones trazadas por su derecho a expresar sus emociones de manera positiva y constructiva hacia los otros. Los nuevos varones lograrán vidas plenas y podrán demostrar afecto sin ver comprometida su masculinidad, sino, por el contrario, fortaleciéndola. Y, por supuesto, tendrán la capacidad de tener relaciones más democráticas e igualitarias y de vivir su vida plenamente.

Mónica Cortés Yépes

CEO, EQUILATERA | Coach en Género y Diversidad | Políticas Públicas | Diversidad, Equidad e Inclusión | Senior Advisor Gender and Diversity

EQUILATERA es una empresa de consultoría en igualdad de género, diversidad e inclusión que impulsa y propende por una sociedad pacífica, diversa, próspera, incluyente y justa, donde todos los miembros de la sociedad disfruten de una vida libre, plural y feliz.

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